El concepto de cultura: breve historia de su concepción y formulación científica en el siglo XIX
Oscar Carbajal Mariscal*
insigniafilms@gmail.com
El contexto social, político y académico del surgimiento del concepto de cultura.
La sociedad romana, que había heredado de los griegos los marcadores de su civilización, acuñó el término de cultura animi, que hace referencia al proceso permanente de los seres humanos de formación personal[I]. El concepto de cultus vitae, vigente en la época, estaba relacionado «con la forma como un pueblo autorregulaba culturalmente sus formas de vida»[II]. No hay que desatender el principal significado de cultura, partiendo de ese momento histórico social, cuyo significado primigenio fue «la tendencia al crecimiento natural»[III]. Esta idea basada en un concepto agrícola y ganadero estuvo vigente durante varios siglos.
La caída de Roma y la imposición del cristianismo como una religión de estado, provocó que en el fragmentado territorio de Europa se formaran los feudos, con la aristocracia en la cúspide de la pirámide, la cual descansaba en el trabajo de los siervos: masas de trabajadores sin educación y sin idea de ningún tipo de formación personal.
Las ciudades medievales, comenzaron a convertirse en los centros de concentración de la vida pública, política, académica y cultural. Se fundaron las primeras universidades europeas y la pujante burguesía, cuyo poderío económico se volvía más importante, ocupó un espacio central en la definición de la cultura, basándose en sus propias necesidades de distinguirse de la aristocracia y al otorgarle un valor a los aspectos de la vida cotidiana.
La invención de la imprenta marca el nacimiento del libro, y por lo tanto, la difusión del saber en las lenguas vulgares de los pueblos europeos. En este invento finca la burguesía sus aspiraciones de difusión y control cultural. Surgen, entonces, dos nociones de la cultura: una, que considera el valor civilizatorio, para domar los impulsos naturales, y otra, que remite a la alta cultura en el sentido estético.
A partir de este momento, el concepto de civilización vendrá a difundir la idea de autoconciencia en Occidente.
Durante el Renacimiento, el ser humano vuelve a ser el centro de las preocupaciones sociales, estéticas, políticas y científicas. Las ideas y los conceptos de cultura y civilización se impusieron progresivamente en las sociedades europeas.
Durante la Ilustración, el filósofo alemán Fichte, por ejemplo, consideró a la cultura como un conjunto de rasgos histórico-sociales que caracterizan a una nación y garantiza la identidad colectiva de los pueblos.
La Revolución Francesa significó el triunfo de la burguesía en todas las esferas de la vida humana. La idea de civilización se entendió como un patrón de medida con el que la burguesía comparaba su grado de desarrollo y la cultura se circunscribió a la formación y al sentido estético para apreciar las bellas artes.
En la actualidad, el concepto de cultura contiene dos grandes acepciones. La primera, en el sentido de cultivar, como la educación y la formación, y la segunda, la manifestación del sentido estético subjetivo a través de gustos y hábitos, sobre una base objetiva: el patrimonio, las instituciones y la herencia cultural.
Para expresar el sentido estético subjetivo, se codificó y jerarquizó el concepto de cultura, de ahí que hayan surgido nociones dicotómicas como bello/feo, buen gusto/mal gusto y bárbaro/civilizado.
En el sigo XX, el estado se hace responsable del patrimonio y de las manifestaciones culturales de la nación. La cultura se institucionaliza.
En este siglo, además, los productos culturales entran a la dinámica del mercado, lo que establece, en gran medida, el panorama actual en el mundo.
El papel de las ciencias biológicas en la determinación del paradigma evolucionista.
A mediados del siglo XIX, las ideas darwinianas de selección natural de los seres vivos, inspiraron a los teóricos de otras disciplinas. Spencer fue el principal exponente del darwinismo social. Consideró que la selección natural no afecta sólo a las características biológicas de la población, sino que, en el caso de las sociedades humanas afecta su desarrollo y el de sus instituciones. Introdujo el término “sobrevivencia del más apto” y atribuyó a una Fuerza el origen de la variación:
“La evolución es una integración de la materia y la concomitante disipación de movimiento durante la cual la materia pasa de una incoherente e indefinida homogeneidad a una definida heterogeneidad coherente”.
Para Spencer, la idea de “progreso” era una necesidad, y el capitalismo se perfilaba como la “ley natural” para la evolución de la sociedad humana.
Los viajes de los naturalistas y las exploraciones por el orbe, revelaron que había pueblos que «no habían alcanzado» el grado de progreso similar al europeo. Las excavaciones arqueológicas, por otra parte, descubrieron el pasado europeo. A la luz de nuevas concepciones teóricas, se podían estudiar los vestigios del pasado de una forma científica, con lo que se consolidaba la idea de la herencia cultural de los pueblos. Por esta época se consolida el museo, como una institución en la que se podía exhibir el patrimonio histórico y las curiosidades de la vida natural.
La importancia de la consolidación del primer concepto de cultura desde la ciencia.
El evolucionismo, a pesar de su visión sesgada del desarrollo, que no considera las cualidades particulares de los núcleos sociales humanos, surgió como un supuesto teórico con validez argumentativa, que rompía el viejo paradigma providencial, y ponía bajo una nueva óptica la idea de progreso que se había afianzado en la época de la Ilustración. Se entendía al mundo como un todo ordenado, con modificaciones graduales en el tiempo, susceptibles de estudio, cuyos fenómenos se pueden explicar por la ley de la causalidad. Este nuevo paradigma se caracteriza por la aparición del científico social, interesado en la cosmología y la historia y por el establecimiento de su autoridad basada en la investigación empírica, experimental e inductiva.
El evolucionismo atrajo a la comunidad académica, quienes de inmediato, comenzaron a aportar ideas y nuevas teorías para sustentar sus postulados. También empezó la crítica desde fuera, por quienes no se convencían de su validez metodológica, y desde adentro, a quienes no les satisfacían las tendencias del pensamiento.
Conclusiones
El gestor cultural tiene frente a sí, la tarea de comprender el desarrollo histórico de la idea de lo cultural, con el fin de asimilar los problemas actuales del saber de nuestra materia de trabajo. Las raíces profundas de lo cultural en la historia de la raza humana, nos llevan a épocas lejanas, distantes. Aún cuando las ideas de un autor sobresalgan sobre los horizontes de su centuria, éstas ideas portarán el sello definido de su entorno material, espiritual y político. Para entender la significación recóndita de los conceptos, no basta con el viaje en el tiempo, sino que es necesario complementar el conocimiento con los trabajos concretos que realizan las personas vivas –el trabajo académico, pero también la actividad científica del investigador contemporáneo y por supuesto, las manifestaciones de la sociedad en la que nos desenvolvemos-, y en la medida de lo posible, “sentir” el espíritu de la época. Las teorías se convierten en esos esquejes –que menciona Darwin en su obra fundamental-, del gran árbol de la vida: si son aceptados, se desarrollan y maduran hasta formar sus propias frondas, pero lo más importante, que sirven de sustento para los esquejes futuros.
* Maestro en Bellas Artes, Profesor Investigador de la Universidad de Guadalajara.
[I] Cortazar Rodríguez, F. J. (1993). La génesis de un concepto. En La sociología de la cultura de Pierre Bourdieu (pp. 7-16). Guadalajara, Jal.: Universidad de Guadalajara.
[II] Op. cit.
[III] Willims, Raymond. Culture, Keywords, Fontana, Londres, 1976, págs. 76 a 82.
Bibliografía complementaria
Schendrik, A. I. Teoria kul'turi: Uchebnoe posobie dlya vuzov, Iuniti-Dana, Edinstvo, Moskva, 2002, 519 s.
sábado, 19 de julio de 2008
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