sábado, 19 de julio de 2008

La conservación de los patrimonios tangible e intangible

De Hitchcock a La Patrona: el rol de la alfabetización cultural en la conservación de los patrimonios tangible e intangible.
Oscar Carbajal Mariscal
insigniafilms@gmail.com

Madeleine (Kim Novak), la esposa suicida del millonario constructor de barcos, deshoja unas rosas en la bahía de San Francisco, bajo el archireconocido puente Golden Gate, mientras es observada de cerca por Scootie (James Stweart en el rol del detective acrofóbico), en la famosa película de Alfred Hitchcock Vértigo. De súbito la mujer se arroja al agua y el detective corre a salvarla, en una poderosa escena de peligro y pasión amorosa.

48 años después de ver esa rutilante escena en el cinematógrafo, ese lugar bajo el puente y otros rincones de San Francisco, muestran la ostentosa placa en la que se recuerda la filmación de Vértigo. Sobra decir que se trata de lugares imprescindibles para el recorrido turístico, aunque muchos de los que lleguen ahí jamás habrán escuchado el nombre de Hitchcock.

El cine y, en general, los medios audiovisuales, hoy más que nunca, están creando un nuevo tipo de iconos, que vienen a sumarse a las listas interminables de lugares imprescindibles para los recorridos turísticos. El consumo cultural no tiene parangón, y eso me induce a las reflexiones: ¿El hecho cultural (incluido lo patromonial) exitoso es adecuado? ¿La mercadotecnia ha copado el lugar de los gestores culturales? ¿Las comunidades tienen capacidad de respuesta en la escencificación de los proyectos culturales que involucran a su región?

La Patrona. Fuente La Jornada. La Internet, en su desarrollo infatigable y en su (aparente) democracia, nos provee de múltiples opciones para el conocimiento de nuestro mundo globalizado. Son reconocidos los blogs sobre intercambio de experiencias de viaje en otros países, así como la popularización de ofertas turísticas y la profundización de las referencias culturales de todo tipo.

Después de leer el best seller, que mañana se convertirá en la película de éxito, la referencia obligada es la búsqueda en la Internet, si deseas conocer las referencias intertextuales de la obra.

Al día siguiente en el que un joven fundamentalista tapatío mutiló la obra La Patrona de Ahumada, en una exposición gráfica en la ciudad de Guadalajara, la imagen destruida, que representaba a una suerte de Juan Diego con la tilma extendida, en la que observaba el famoso desnudo de Marilyn Monroe en un damasco rojo, recorrió los sitios de discusión de la Red, desatando la polémica. Tanto el artista, como el tristemente célebre fundamentalista, tendrán a sus seguidores y a sus detractores, pero el objeto original de la discordia se habrá perdido irremediablemente del mundo físico, y tan sólo quedará una representación digital, con una fuerte carga de contenido ideológico y simbólico, que el mismo autor, tal vez, nunca consideró que llegaría a tener.

Así se manifiesta el panorama de la preservación del patromonio cultural, y lo vimos en el caso de los Demonios de Ocumicho: el pragmatismo absorbió la opción cultural que permitió la superviviencia de una comunidad de artesanos indígenas, quienes tuvieron la oportunidad de dedicarse a otras actividades sociales y económicas, que la misma población sabrá valorar en su debido momento.

Concluyo esta reflexión, haciendo mención a la importancia de los proyectos transversales y multidisciplinarios de desarrollo cultural (social, económico, ecológico, etc.) que deben involucrar a los políticos, gestores y, por supuesto en primer lugar, a la comunidad, la cual resultará beneficiada o perjudicada con las medidas que se tomen al respecto. De la misma comunidad, considero, deben partir las propuestas de conservación del patrimonio simbólico, para lo cual, en la búsqueda del hito cultural o del momento histórico, se precisa de una educación (alfabetización) cultural, que primero desarrollamos los gestores, para adquirir la competencia de saber trasmitirla a nuestros coetáneos.

De esta forma, los que lleguen a tomarse las fotografías al Golden Gate sabrán quién fue Hitchcock y los fundamentalistas tapatíos (y de otras partes del mundo) sabrán que en el arte de este valle de lágrimas están las preocupaciones más humanas y trascendentales, que la misma divinidad envidia.

Paradigmas clásicos de la cultura

Los paradigmas clásicos de la cultura: conceptos, alcances y limitaciones
Oscar Carbajal Mariscal
insigniafilms@gmail.com

Dentro de las investigaciones sociales sobresalen los estudios de la cultura, cuyas metodologías y resultados, apuntalan la labor de los trabajadores o gestores de la cultura. De aquí que resulta de capital importancia la definición del concepto de cultura que se aplica a los proyectos que promueven, tanto los individuos, como las instituciones públicas como privadas, para comprender la congruencia de sus planteamientos “acerca de los fenómenos de producción colectiva de significados en las sociedades actuales” .
Paradigma evolucionista
A mediados del siglo XIX, las ideas darwinianas de selección natural de los seres vivos, inspiraron a los teóricos de otras disciplinas. Los estudios antropológicos y etnográficos, como disciplinas científicas, se encontraban en sus inicios, por lo que adoptaron de inmediato las ideas del “evolucionismo social” de Spencer, el cual suponía que todas las sociedades están sujetas a un proceso unilateral de desarrollo evolutivo, por lo que van escalando diferentes fases que van desde lo primitivo hasta lo civilizado. En aquella época Europa se consideraba el mundo “civilizado” por excelencia y sus progresos tecno-científicos y el status alcanzado en sus sociedades, se tomaba como parámetro para “medir” el grado de “desarrollo” cultural y civilizatorio del resto de las sociedades humanas en el mundo. Los teóricos sociales, para definir el concepto de cultura del paradigma evolucionista, pensaban que el mundo es un todo ordenado, con modificaciones graduales en el tiempo, que van siempre de lo más simple a lo más complejo, y en consecuencia, dichos fenómenos se pueden explicar por la ley de la causalidad. En síntesis, las sociedades y los individuos necesariamente pasan por etapas similares de progreso social y cultural, por lo que es posible “llevar” o “elevar” la cultura a donde no existe o donde no está “suficientemente desarrollada”. Los principales representantes de esta corriente teórica fueron, incluyendo al ya mencionado Spencer: Morgan, Tylor, Saint Simon, Comte, Spencer, Marx, Engels, Chaile, White, Steward, entre otros.
En su metodología, el paradigma evolucionista establece el método comparativo, tanto vertical diacrónico (por etapas evolutivas) como horizontal sincrónico (entre instituciones y sociedades en un mismo nivel evolutivo).
El evolucionismo sistematizó información de diferentes pueblos de fuentes primarias y secundarias, obtenidos por los antropólogos y etnógrafos en sus recorridos por los diversos continentes. El evolucionismo rompió el viejo paradigma providencial, y puso bajo una nueva óptica la idea de progreso que se había afianzado en la época de la Ilustración.
A pesar de tratarse de un viejo paradigma, sus postulados continúan vigentes, en las declaraciones de los políticos que prometen “llevar la cultura a los lugares más alejados”, o las instituciones que apuestan por el “desarrollo de la cultura de los pueblos indígenas y de las zonas marginadas”.
El culturalismo
A principios del siglo XX, se afianzaban los estados fascistas después de la Primera Guerra Mundial. El imperialismo norteamericano ya se había consolidado en el escenario mundial. El paradigma evolucionista ya no podía responder a los planteamientos del nuevo orden social. Franz Boas establecía que el análisis de la cultura se debe hacer a partir de una visión histórica y particulizadora de la propia cultura. En 1917 Kroeber publica su documento Lo superorgánico, en el cual distingue cultura y sociedad, así como al ser humano en sus aspectos histórico y orgánico, en los diferentes niveles: cuerpo, psique, sociedad y cultura. En su definición de cultura, establece que las “pautas implícitas y explícitas de y para la conducta, adquiridas y transmitidas mediante símbolos exclusivos del grupo humano y que incluyen su materialización en forma de utensilios, aunque el núcleo principal de las mismas son las ideas tradicionales (es decir, obtenidas y seleccionadas históricamente) y los valores que implican”. El culturalismo preconiza el relativismo cultural, en el que cada cultura es producto de una historia donde ha confluido una compleja red de factores que no es posible establecer de antemano y, en consecuencia, que sólo resulta comprensible con base en sus propias particularidades. En su metodología pretende adentrarse en la visión del mundo de cada sociedad, identificarse con el sentido de la vida de quienes forman parte de la cultura estudiada. Los principales representantes fueron Boas, Kroeber, Mead, Benedic, Herskovits, Kluchhohn. El culturalismo influyó en los antropólogos del siglo XX en México, quienes plantearon las preguntas indigenistas, de forma tal que dichas culturas pasaron a la escena política y social contemporánea.

El funcionalismo
Las constantes crisis económicas, aparejadas con las crisis sociales y una idea generalizada de que el progreso había llegado a su límite, provocaron que se buscara un nuevo paradigma, que explicara la forma de alcanzar el necesario orden social. Emile Durkheim, influenciado por el positivismo, comparó a la sociedad con un organismo vivo, con su morfología (componentes), fisiología (funciones) y patología (componentes en situación anómala, inadaptados). Los hechos sociales, entonces, se convirtieron en los ejes del desarrollo de la sociedad: son independientes de los individuos, son coercitivos, guían las acciones a través de pautas morales y crean instituciones gracias a su permanencia y la función que cumplen en el entorno. Otro de los representantes del paradigma funcionalista, Bronislaw Malinowski, estableció que la cultura es un instrumento de satisfacción de las necesidades humanas “Los impulsos fisiológicos, biológicos y físicos son regulados, definidos y modificados por la cultura”. La presencia de las instituciones en la sociedad, es una garantía de satisfacción de esas necesidades.
Las críticas al funcionalismo consideran la visión de una sociedad jerarquizada que requiere de un modelo organizativo para su funcionamiento, así como su excesivo énfasis en las normas, como componentes reguladores del funcionamiento de los componentes. El funcionalismo no da explicaciones contundentes sobre el cambio social.
Este viejo paradigma continúa vigente en los epítetos publicitarios, como los de las Fiestas de Octubre que dicen: “¡Vive (o siente) la cultura!”, “¡Ven a expresARTE!”. En los museos-catedral (donde no se habla, no se toca) el culturalismo vive entre sus paredes, para regular (y modificar) las conductas de los visitantes.
El estructuralismo funcionalista
El principal exponente del estructuralismo funcionalista, Radcliffe-Brown, partió del supuesto que la sociedad se conforma por estructuras sociales susceptibles de analizarse como una realidad concreta, que se puede etnografiar, y como forma, a partir de los sistemas de valores, normas y deberes que rigen las relaciones entre los distintos componentes sociales. En su concepto de cultura se establece que las estructuras sociales y las funciones de las instituciones en las diversas sociedades humanas, son susceptibles de comparación y de análisis, con base en el descubrimiento de las normas y valores que las rigen. La metodología del estructuralismo funcionalista inicia con la identificación de los grupos de una sociedad y con el conocimiento de sus relaciones a partir de sus normas de comportamiento. Ambas acciones permiten determinar las categorías sociales y sus deberes y derechos, con el fin de analizar su comportamiento con base a esas normas.
Creo que una de las cosas positivas de este paradigma, es la posibilidad de abstraer conceptos importantes paralelos a las nociones de estructura, pero estas no deberían de determinar el estudio de las sociedades.
La crítica de este modelo es la generalización de características comunes a algunas sociedades humanas. De nueva cuenta las instituciones se vuelven organizaciones que regulan el comportamiento de los individuos.
Este paradigma continúa vigente en las Leyes Indígenas del gobierno mexicano (y de varios otros países latinoamericanos). Se estudiaron las necesidades de algunas pocas culturas para crear una generalidad que incorporara a todos los pueblos indígenas al sistema legal mexicano contemporáneo, sin considerar sus antecedentes históricos o su forma particular de gobierno ni tradiciones.
Estructuralismo francés
Lévi-Strauss, el fundador del estructuralismo francés, parte de los principios de la lingüística sausseriana para establecer que la cultura es un sistema de signos compartidos y estructurados de acuerdo a principios que gobiernan el funcionamiento del intelecto humano. En su concepto de cultura, Lévi-Strauss concluye que la cultura no es ni debe ser una, pero todas las culturas no son sino metáforas distintas para decir lo mismo. En la diversidad cultural, se deben revelar las estructuras lógicas subyacentes en ellas. La metodología parte de la observación dirigida al objeto social de interés. Se prioriza la sincronía, pues el objeto es independiente al contexto. A través del trabajo de investigación, se observan y registran las relaciones. Con los resultados, se construye un modelo, y en su fase final, se formaliza la estructura.
El estructuralismo se vuelve una teoría vigente cuando analiza las peculiaridades idiomáticas y lingüísticas o la historia y tradiciones orales de los pueblos. Junto con el aparato teórico del formalismo ruso, ha dado cuenta de las similitudes de las leyendas y mitos de los pueblos del mundo. Lo criticable es su exacerbación en la búsqueda de modelos que reducen el valor de lo real humano y de lo cultural, a un cúmulo de registros.
Teoría de sistemas
La organización del conocimiento ha sido una de las preocupaciones del intelecto humano. La enciclopedia surge como una forma de condensar y crear relaciones entre las diferentes “ramas del saber” humano. Esta organización y sistematización alcanza su pináculo en el siglo XX, cuando se busca la construcción de modelos matemáticos de las posibles relaciones del sistema. Talcott Parsons abstrae en su teoría de la acción, que las actividades sociales de los hombres se derivan de la conciencia de sí mismos, de otros y de situaciones externas. Los hombres son susceptibles de alcanzar sus objetivos, para lo cual utilizan medios y métodos adecuados. Sin embargo, dichas acciones están limitadas por condiciones inalterables. Los hombres cuando ejercen su voluntad evalúan lo que hacen y han hecho. En todo momento recurren a patrones para tomar decisiones.
El concepto de cultura de la teoría de sistemas considera a la cultura como una principal fuerza que liga los elementos del mundo social. La cultura es mediadora en la interacción entre los actores e integra los sistemas de personalidad y social, orienta a los actores y brinda las pautas institucionalizadas del sistema social. Su carácter simbólico le proporciona la capacidad de controlar los otros sistemas.
En su metodología, la teoría de sistemas distingue los distintos tipos de sistemas: el cultural, el social, el de personalidad, y al organismo conductual. La estructura arborescente permite tener una visión detallada de la forma de comportamiento de los componentes del sistema.
Este paradigma es totalmente vigente en los modelos de diseño instruccional de las pedagogías norteamericanas o en los modelos de administración de calidad total japoneses, como el de las 5 “S”.
La crítica de la teoría de sistemas, desde mi punto de vista, es que se trata de modelos de una rápida asimilación, por su carácter lógico-secuencial, pero de compleja adaptación a los grupos humanos de una misma sociedad, incluso.

Afortunadamente la variedad y riqueza de la naturaleza humana es tan amplia, como para circunscribirla en patrones tan artificiales. Creo que dentro del modelo más perfecto, la libertad del artista, del hombre, no aparecerá ni dentro de una metáfora, ni en una estructura, ni en una enciclopedia, ni en un modelo matemático predecible. Como alguna vez lo dijera el gran novelista ruso Dostoyevski: “La belleza salvará al mundo”.

Teoría social

Sociología teórica e imaginación sociológica
Piotr Sztompka

(Fragmento del texto original “ТЕОРЕТИЧЕСКАЯ СОЦИОЛОГИЯ И СОЦИОЛОГИЧЕСКОЕ ВООБРАЖЕНИЕ” en la dirección http://knowledge.isras.ru/sj/sj/sj1-01shtom.html)
Traducción del ruso: Oscar Carbajal Mariscal
insigniafilms@gmail.com

En la actualidad se observa una amplia difusión de teorías, en las cuales se examinan diversos problemas sociales.
Teóricos e investigadores se han encontrado frente a frente en el camino. Muchos de esos teóricos no se dedican a estudiar las ideas abstractas, sino que se orientan a problemas reales, como la globalización, la personalidad, el riesgo, la confianza, la sociedad civil, la democracia, las nuevas formas de trabajo, la exclusión social, los problemas culturales, etc. Los investigadores empíricos no se restringen al registro de hechos sociales ni a la recolección de datos. En lugar de ello, proveen modelos explicativos con base en hechos sistematizados. Tales son las teorías de la conducta colectiva, de los movimientos sociales, de lo ético, la teoría de la información de masas, la concepción del capital social, de los valores del postmaterialismo, etc. La teoría nos brinda explicaciones a preguntas sociales concretas (creando hipótesis, más o menos comprobables en la práctica). Puede influir en un público más amplio de personas comunes, conduciendo sus pensamientos, exponiéndoles “mapas” de las distintas regiones de su “mundo vital” social.

Al primer tipo de teoría se le puede llamar teoría explicativa. Representa lo que Bryan Turner llama “ el programa social” para la teoría (Turner, 1996:6). Formulemos ahora tres preguntas para este tipo de teoría: teoría de qué, para qué y para quién. ¿Teoría de qué? Es la teoría de los problemas sociales reales. Es la que responde a preguntas del tipo: porqué crece la delincuencia, porqué surgen nuevos movimientos sociales, de dónde procede la pobreza, porqué renacen los estados de ánimo en las etnias. De acuerdo con Merton, Bourdieu y Turner, la teoría se desarrolla a partir de las investigaciones y debe estar dirigida a la investigación. “Para que el resultado teórico tenga significado, debe fundamentarse en el planteamiento de los problemas” (Baert, 1998:). “La teoría social florece y vive de la mejor forma, cuando se ocupa de las investigaciones empíricas y de las preguntas sociales” (Turner, 1996:12). ¿Para qué? Para dar explicaciones o, por lo menos, modelos para una mejor organización de los hechos y fenómenos, así como para la interpretación de múltiples acontecimientos y fenómenos. ¿Para quién? No sólo para los colegas teóricos, sino para el público, para darles orientaciones, abundar en el conocimiento de su situación. Un importante papel de las teorías es “proporcionar información para el discurso democrático”(Calhoun, 1996:429). Este rol será cada vez más palpable, en la medida en que la democracia se establezca en nuevos países y por lo tanto, será más importante en la “sociedad del conocimiento” del mañana, la sociedad de las personas informadas y educadas, a las cuales les preocupan los problemas sociales, donde la democracia adquiere la forma de “democracia discursiva” (Dryzek, 1990).
En estos tiempos de grandes cambios, surge la necesidad de contar con el apoyo de la teoría. Los sociólogos experimentan una presión especial por parte de las personas comunes (common people), además, los políticos requieren de orientaciones para moverse en el caos. Las cifras y los hechos sueltos no les pueden dar la respuesta a sus preguntas. Las representaciones adecuadas de la sociedad, los proyecciones de las relaciones sociales sólo pueden realizarse con la ayuda de modelos explicativos generalizadores.

Teoría heurística
A las orientaciones teóricas yo les llamaría teoría heurística, que no es posible comprobar de forma inmediata, pero que resulta provechosa, en la medida que crea conceptos, patrones, modelos. La teoría heurística es cercana a la filosofía social, sobre todo a la ontología o a la metafísica del mundo social, ya que intenta responder a tres preguntas ontológicas perennes sobre la construcción de la realidad social: (a) ¿cuál es el fundamento del orden social?; (b) ¿qué conforma la naturaleza de las actividades humanas? (c) ¿cuáles son los mecanismos y orientaciones de los cambios sociales? En la búsqueda de estas respuestas se han dedicado todos los sociólogos clásicos fundadores de la ciencia. Como ejemplos de la orientación clásica, con un fuerte papel dominante a mediados del siglo pasado y tratando de responder a esas preguntas, estuvieron el funcionalismo estructurado, el interaccionismo simbólico, la teoría del intercambio, el marxismo.
¿Es una teoría de qué? De los fundamentos de la realidad social. Formula preguntas no del tipo “por qué”, sino “cómo”: ¿cómo se hace posible el orden social (cómo se desenvuelven los grupos sociales, cómo conviven las personas, cómo colaboran, cómo coexisten), cómo se realizan las acciones sociales, cómo se desarrollan los cambios sociales? ¿Es una teoría para qué? Para crear un aparato de categorías con el fin de dar una explicación más concreta del trabajo teórico y ofrecer categorías significativas para la asimilación de los hechos sociales. ¿Es una teoría para quién? En lo principal, es para investigadores creadores de modelos explicativos de diferentes regiones del mundo, que buscan responder a preguntas concretas.

Teoría analítica
Este tipo de teoría generaliza y aclara conceptos, brinda tipologías y clasificaciones, explicaciones y determinaciones. Su aplicación tiene un importante significado, ya que cumple un rol instrumental fundamental. La teoría analítica corre el riesgo de transformarse en la construcción de sistemas cerrados de categorías. Los intentos de crear sistemas conceptuales cerrados, de lenguajes especiales para la sociología general, como parece ser, concluyeron con el trabajo de Niklas Luman. R. Merton les llamó teorías de nivel intermedio (Merton, 1976:41-50): fundamentaciones empíricas de esquemas conceptuales aplicadas a problemas empíricos concretos (por ejemplo, las teorías de Merton de los roles y de los repertorios de roles, la teoría de los grupos de referencia, las teorías de la estratificación, de la movilidad, etc.)
¿Cuál es la naturaleza de esta teoría? ¿De qué trata? Aborda los conceptos de contenido, y es útil para la comprensión de las cosas. ¿Para qué? Para determinar , descubrir, para dar la explicación de fenómenos o de sus características básicas. ¿Para quién? Para los sociólogos, esta teoría crea su diccionario canónico, su lenguaje técnico para el trabajo con el objeto, el cual es un lenguaje más claro que el idioma ordinario o que el lenguaje del sentido común.

Teoría exegética
Esta teoría se concentra en el análisis, en la sistematización, en la reconstrucción, en la crítica a la teoría existente. Por supuesto, que la teoría exegética es fundamentalmente importante para la preparación del trabajo teórico.
¿Es una teoría de qué? De otras teorías, de libros y textos aislados, procede de las encrucijadas de la imaginación sociológica. ¿Es una teoría para qué? Para la apología o para descartar a las teorías: esto provoca de manera inmediata que surjan fracciones, dogmatismos, escuelas ortodoxas, sectas, admiradores. Es una teoría que se desarrolla a partir del “mercado libre de ideas” para orientarse al “campo de batalla de las ideas”. ¿Es una teoría para quién? Para otros teóricos, Para otros teóricos, que juegan roles intelectuales en las sectas de los iluminados. Desde mi punto de vista, estas teorías con frecuencia son inútiles. Con frecuencia se transforman en epígonos. “La teoría social... se vuelve inútil cuando mira a su interior, cuando se encierra sobre sí misma, cuando se convierte en una guerra de concepciones... entre mi tradición... y tu ortodoxia” (European, 1998). “Sin las circunstancias políticas y sociales, la teoría social corre el riesgo de convertirse en el centro de interés esotérico, elitista o excéntrico de científicos marginales”(Turner, 1996:13).

Bibliografía
Baert P. Social theory in the twentieth century. Cambridge: Polity Press, 1998.
Calhoun C. Social theory and the public sphere // The Blackwell companion to social theiry / Ed. by B. Turner. Oxford: Blackwell, 1996.
Dryzek J. Discursive democracy. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.
European Journal of Social Theory. 1998. Vol. 1. No. 1.
Merton R. Sociological ambivalence. New York: Free Press, 1976. Turner B. Introduction // Blackwell сompanion to social theory. Oxford: Blackwell, 1996. P. 1-19.

La Gestión Cultural

El concepto de cultura: breve historia de su concepción y formulación científica en el siglo XIX

Oscar Carbajal Mariscal*

insigniafilms@gmail.com


El contexto social, político y académico del surgimiento del concepto de cultura.

La sociedad romana, que había heredado de los griegos los marcadores de su civilización, acuñó el término de cultura animi, que hace referencia al proceso permanente de los seres humanos de formación personal[I]. El concepto de cultus vitae, vigente en la época, estaba relacionado «con la forma como un pueblo autorregulaba culturalmente sus formas de vida»[II]. No hay que desatender el principal significado de cultura, partiendo de ese momento histórico social, cuyo significado primigenio fue «la tendencia al crecimiento natural»[III]. Esta idea basada en un concepto agrícola y ganadero estuvo vigente durante varios siglos.

La caída de Roma y la imposición del cristianismo como una religión de estado, provocó que en el fragmentado territorio de Europa se formaran los feudos, con la aristocracia en la cúspide de la pirámide, la cual descansaba en el trabajo de los siervos: masas de trabajadores sin educación y sin idea de ningún tipo de formación personal.

Las ciudades medievales, comenzaron a convertirse en los centros de concentración de la vida pública, política, académica y cultural. Se fundaron las primeras universidades europeas y la pujante burguesía, cuyo poderío económico se volvía más importante, ocupó un espacio central en la definición de la cultura, basándose en sus propias necesidades de distinguirse de la aristocracia y al otorgarle un valor a los aspectos de la vida cotidiana.

La invención de la imprenta marca el nacimiento del libro, y por lo tanto, la difusión del saber en las lenguas vulgares de los pueblos europeos. En este invento finca la burguesía sus aspiraciones de difusión y control cultural. Surgen, entonces, dos nociones de la cultura: una, que considera el valor civilizatorio, para domar los impulsos naturales, y otra, que remite a la alta cultura en el sentido estético.

A partir de este momento, el concepto de civilización vendrá a difundir la idea de autoconciencia en Occidente.

Durante el Renacimiento, el ser humano vuelve a ser el centro de las preocupaciones sociales, estéticas, políticas y científicas. Las ideas y los conceptos de cultura y civilización se impusieron progresivamente en las sociedades europeas.

Durante la Ilustración, el filósofo alemán Fichte, por ejemplo, consideró a la cultura como un conjunto de rasgos histórico-sociales que caracterizan a una nación y garantiza la identidad colectiva de los pueblos.

La Revolución Francesa significó el triunfo de la burguesía en todas las esferas de la vida humana. La idea de civilización se entendió como un patrón de medida con el que la burguesía comparaba su grado de desarrollo y la cultura se circunscribió a la formación y al sentido estético para apreciar las bellas artes.

En la actualidad, el concepto de cultura contiene dos grandes acepciones. La primera, en el sentido de cultivar, como la educación y la formación, y la segunda, la manifestación del sentido estético subjetivo a través de gustos y hábitos, sobre una base objetiva: el patrimonio, las instituciones y la herencia cultural.

Para expresar el sentido estético subjetivo, se codificó y jerarquizó el concepto de cultura, de ahí que hayan surgido nociones dicotómicas como bello/feo, buen gusto/mal gusto y bárbaro/civilizado.

En el sigo XX, el estado se hace responsable del patrimonio y de las manifestaciones culturales de la nación. La cultura se institucionaliza.

En este siglo, además, los productos culturales entran a la dinámica del mercado, lo que establece, en gran medida, el panorama actual en el mundo.

El papel de las ciencias biológicas en la determinación del paradigma evolucionista.

A mediados del siglo XIX, las ideas darwinianas de selección natural de los seres vivos, inspiraron a los teóricos de otras disciplinas. Spencer fue el principal exponente del darwinismo social. Consideró que la selección natural no afecta sólo a las características biológicas de la población, sino que, en el caso de las sociedades humanas afecta su desarrollo y el de sus instituciones. Introdujo el término “sobrevivencia del más apto” y atribuyó a una Fuerza el origen de la variación:

“La evolución es una integración de la materia y la concomitante disipación de movimiento durante la cual la materia pasa de una incoherente e indefinida homogeneidad a una definida heterogeneidad coherente”.

Para Spencer, la idea de “progreso” era una necesidad, y el capitalismo se perfilaba como la “ley natural” para la evolución de la sociedad humana.

Los viajes de los naturalistas y las exploraciones por el orbe, revelaron que había pueblos que «no habían alcanzado» el grado de progreso similar al europeo. Las excavaciones arqueológicas, por otra parte, descubrieron el pasado europeo. A la luz de nuevas concepciones teóricas, se podían estudiar los vestigios del pasado de una forma científica, con lo que se consolidaba la idea de la herencia cultural de los pueblos. Por esta época se consolida el museo, como una institución en la que se podía exhibir el patrimonio histórico y las curiosidades de la vida natural.

La importancia de la consolidación del primer concepto de cultura desde la ciencia.

El evolucionismo, a pesar de su visión sesgada del desarrollo, que no considera las cualidades particulares de los núcleos sociales humanos, surgió como un supuesto teórico con validez argumentativa, que rompía el viejo paradigma providencial, y ponía bajo una nueva óptica la idea de progreso que se había afianzado en la época de la Ilustración. Se entendía al mundo como un todo ordenado, con modificaciones graduales en el tiempo, susceptibles de estudio, cuyos fenómenos se pueden explicar por la ley de la causalidad. Este nuevo paradigma se caracteriza por la aparición del científico social, interesado en la cosmología y la historia y por el establecimiento de su autoridad basada en la investigación empírica, experimental e inductiva.

El evolucionismo atrajo a la comunidad académica, quienes de inmediato, comenzaron a aportar ideas y nuevas teorías para sustentar sus postulados. También empezó la crítica desde fuera, por quienes no se convencían de su validez metodológica, y desde adentro, a quienes no les satisfacían las tendencias del pensamiento.

Conclusiones

El gestor cultural tiene frente a sí, la tarea de comprender el desarrollo histórico de la idea de lo cultural, con el fin de asimilar los problemas actuales del saber de nuestra materia de trabajo. Las raíces profundas de lo cultural en la historia de la raza humana, nos llevan a épocas lejanas, distantes. Aún cuando las ideas de un autor sobresalgan sobre los horizontes de su centuria, éstas ideas portarán el sello definido de su entorno material, espiritual y político. Para entender la significación recóndita de los conceptos, no basta con el viaje en el tiempo, sino que es necesario complementar el conocimiento con los trabajos concretos que realizan las personas vivas –el trabajo académico, pero también la actividad científica del investigador contemporáneo y por supuesto, las manifestaciones de la sociedad en la que nos desenvolvemos-, y en la medida de lo posible, “sentir” el espíritu de la época. Las teorías se convierten en esos esquejes –que menciona Darwin en su obra fundamental-, del gran árbol de la vida: si son aceptados, se desarrollan y maduran hasta formar sus propias frondas, pero lo más importante, que sirven de sustento para los esquejes futuros.

* Maestro en Bellas Artes, Profesor Investigador de la Universidad de Guadalajara.

[I] Cortazar Rodríguez, F. J. (1993). La génesis de un concepto. En La sociología de la cultura de Pierre Bourdieu (pp. 7-16). Guadalajara, Jal.: Universidad de Guadalajara.

[II] Op. cit.

[III] Willims, Raymond. Culture, Keywords, Fontana, Londres, 1976, págs. 76 a 82.

Bibliografía complementaria

Schendrik, A. I. Teoria kul'turi: Uchebnoe posobie dlya vuzov, Iuniti-Dana, Edinstvo, Moskva, 2002, 519 s.