Los paradigmas clásicos de la cultura: conceptos, alcances y limitacionesOscar Carbajal Mariscal
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Dentro de las investigaciones sociales sobresalen los estudios de la cultura, cuyas metodologías y resultados, apuntalan la labor de los trabajadores o gestores de la cultura. De aquí que resulta de capital importancia la definición del concepto de cultura que se aplica a los proyectos que promueven, tanto los individuos, como las instituciones públicas como privadas, para comprender la congruencia de sus planteamientos “acerca de los fenómenos de producción colectiva de significados en las sociedades actuales” .
Paradigma evolucionistaA mediados del siglo XIX, las ideas darwinianas de selección natural de los seres vivos, inspiraron a los teóricos de otras disciplinas. Los estudios antropológicos y etnográficos, como disciplinas científicas, se encontraban en sus inicios, por lo que adoptaron de inmediato las ideas del “evolucionismo social” de Spencer, el cual suponía que todas las sociedades están sujetas a un proceso unilateral de desarrollo evolutivo, por lo que van escalando diferentes fases que van desde lo primitivo hasta lo civilizado. En aquella época Europa se consideraba el mundo “civilizado” por excelencia y sus progresos tecno-científicos y el status alcanzado en sus sociedades, se tomaba como parámetro para “medir” el grado de “desarrollo” cultural y civilizatorio del resto de las sociedades humanas en el mundo. Los teóricos sociales, para definir el concepto de cultura del paradigma evolucionista, pensaban que el mundo es un todo ordenado, con modificaciones graduales en el tiempo, que van siempre de lo más simple a lo más complejo, y en consecuencia, dichos fenómenos se pueden explicar por la ley de la causalidad. En síntesis, las sociedades y los individuos necesariamente pasan por etapas similares de progreso social y cultural, por lo que es posible “llevar” o “elevar” la cultura a donde no existe o donde no está “suficientemente desarrollada”. Los principales representantes de esta corriente teórica fueron, incluyendo al ya mencionado Spencer: Morgan, Tylor, Saint Simon, Comte, Spencer, Marx, Engels, Chaile, White, Steward, entre otros.
En su metodología, el paradigma evolucionista establece el método comparativo, tanto vertical diacrónico (por etapas evolutivas) como horizontal sincrónico (entre instituciones y sociedades en un mismo nivel evolutivo).
El evolucionismo sistematizó información de diferentes pueblos de fuentes primarias y secundarias, obtenidos por los antropólogos y etnógrafos en sus recorridos por los diversos continentes. El evolucionismo rompió el viejo paradigma providencial, y puso bajo una nueva óptica la idea de progreso que se había afianzado en la época de la Ilustración.
A pesar de tratarse de un viejo paradigma, sus postulados continúan vigentes, en las declaraciones de los políticos que prometen “llevar la cultura a los lugares más alejados”, o las instituciones que apuestan por el “desarrollo de la cultura de los pueblos indígenas y de las zonas marginadas”.
El culturalismoA principios del siglo XX, se afianzaban los estados fascistas después de la Primera Guerra Mundial. El imperialismo norteamericano ya se había consolidado en el escenario mundial. El paradigma evolucionista ya no podía responder a los planteamientos del nuevo orden social. Franz Boas establecía que el análisis de la cultura se debe hacer a partir de una visión histórica y particulizadora de la propia cultura. En 1917 Kroeber publica su documento Lo superorgánico, en el cual distingue cultura y sociedad, así como al ser humano en sus aspectos histórico y orgánico, en los diferentes niveles: cuerpo, psique, sociedad y cultura. En su definición de cultura, establece que las “pautas implícitas y explícitas de y para la conducta, adquiridas y transmitidas mediante símbolos exclusivos del grupo humano y que incluyen su materialización en forma de utensilios, aunque el núcleo principal de las mismas son las ideas tradicionales (es decir, obtenidas y seleccionadas históricamente) y los valores que implican”. El culturalismo preconiza el relativismo cultural, en el que cada cultura es producto de una historia donde ha confluido una compleja red de factores que no es posible establecer de antemano y, en consecuencia, que sólo resulta comprensible con base en sus propias particularidades. En su metodología pretende adentrarse en la visión del mundo de cada sociedad, identificarse con el sentido de la vida de quienes forman parte de la cultura estudiada. Los principales representantes fueron Boas, Kroeber, Mead, Benedic, Herskovits, Kluchhohn. El culturalismo influyó en los antropólogos del siglo XX en México, quienes plantearon las preguntas indigenistas, de forma tal que dichas culturas pasaron a la escena política y social contemporánea.
El funcionalismoLas constantes crisis económicas, aparejadas con las crisis sociales y una idea generalizada de que el progreso había llegado a su límite, provocaron que se buscara un nuevo paradigma, que explicara la forma de alcanzar el necesario orden social. Emile Durkheim, influenciado por el positivismo, comparó a la sociedad con un organismo vivo, con su morfología (componentes), fisiología (funciones) y patología (componentes en situación anómala, inadaptados). Los hechos sociales, entonces, se convirtieron en los ejes del desarrollo de la sociedad: son independientes de los individuos, son coercitivos, guían las acciones a través de pautas morales y crean instituciones gracias a su permanencia y la función que cumplen en el entorno. Otro de los representantes del paradigma funcionalista, Bronislaw Malinowski, estableció que la cultura es un instrumento de satisfacción de las necesidades humanas “Los impulsos fisiológicos, biológicos y físicos son regulados, definidos y modificados por la cultura”. La presencia de las instituciones en la sociedad, es una garantía de satisfacción de esas necesidades.
Las críticas al funcionalismo consideran la visión de una sociedad jerarquizada que requiere de un modelo organizativo para su funcionamiento, así como su excesivo énfasis en las normas, como componentes reguladores del funcionamiento de los componentes. El funcionalismo no da explicaciones contundentes sobre el cambio social.
Este viejo paradigma continúa vigente en los epítetos publicitarios, como los de las Fiestas de Octubre que dicen: “¡Vive (o siente) la cultura!”, “¡Ven a expresARTE!”. En los museos-catedral (donde no se habla, no se toca) el culturalismo vive entre sus paredes, para regular (y modificar) las conductas de los visitantes.
El estructuralismo funcionalistaEl principal exponente del estructuralismo funcionalista, Radcliffe-Brown, partió del supuesto que la sociedad se conforma por estructuras sociales susceptibles de analizarse como una realidad concreta, que se puede etnografiar, y como forma, a partir de los sistemas de valores, normas y deberes que rigen las relaciones entre los distintos componentes sociales. En su concepto de cultura se establece que las estructuras sociales y las funciones de las instituciones en las diversas sociedades humanas, son susceptibles de comparación y de análisis, con base en el descubrimiento de las normas y valores que las rigen. La metodología del estructuralismo funcionalista inicia con la identificación de los grupos de una sociedad y con el conocimiento de sus relaciones a partir de sus normas de comportamiento. Ambas acciones permiten determinar las categorías sociales y sus deberes y derechos, con el fin de analizar su comportamiento con base a esas normas.
Creo que una de las cosas positivas de este paradigma, es la posibilidad de abstraer conceptos importantes paralelos a las nociones de estructura, pero estas no deberían de determinar el estudio de las sociedades.
La crítica de este modelo es la generalización de características comunes a algunas sociedades humanas. De nueva cuenta las instituciones se vuelven organizaciones que regulan el comportamiento de los individuos.
Este paradigma continúa vigente en las Leyes Indígenas del gobierno mexicano (y de varios otros países latinoamericanos). Se estudiaron las necesidades de algunas pocas culturas para crear una generalidad que incorporara a todos los pueblos indígenas al sistema legal mexicano contemporáneo, sin considerar sus antecedentes históricos o su forma particular de gobierno ni tradiciones.
Estructuralismo francésLévi-Strauss, el fundador del estructuralismo francés, parte de los principios de la lingüística sausseriana para establecer que la cultura es un sistema de signos compartidos y estructurados de acuerdo a principios que gobiernan el funcionamiento del intelecto humano. En su concepto de cultura, Lévi-Strauss concluye que la cultura no es ni debe ser una, pero todas las culturas no son sino metáforas distintas para decir lo mismo. En la diversidad cultural, se deben revelar las estructuras lógicas subyacentes en ellas. La metodología parte de la observación dirigida al objeto social de interés. Se prioriza la sincronía, pues el objeto es independiente al contexto. A través del trabajo de investigación, se observan y registran las relaciones. Con los resultados, se construye un modelo, y en su fase final, se formaliza la estructura.
El estructuralismo se vuelve una teoría vigente cuando analiza las peculiaridades idiomáticas y lingüísticas o la historia y tradiciones orales de los pueblos. Junto con el aparato teórico del formalismo ruso, ha dado cuenta de las similitudes de las leyendas y mitos de los pueblos del mundo. Lo criticable es su exacerbación en la búsqueda de modelos que reducen el valor de lo real humano y de lo cultural, a un cúmulo de registros.
Teoría de sistemasLa organización del conocimiento ha sido una de las preocupaciones del intelecto humano. La enciclopedia surge como una forma de condensar y crear relaciones entre las diferentes “ramas del saber” humano. Esta organización y sistematización alcanza su pináculo en el siglo XX, cuando se busca la construcción de modelos matemáticos de las posibles relaciones del sistema. Talcott Parsons abstrae en su teoría de la acción, que las actividades sociales de los hombres se derivan de la conciencia de sí mismos, de otros y de situaciones externas. Los hombres son susceptibles de alcanzar sus objetivos, para lo cual utilizan medios y métodos adecuados. Sin embargo, dichas acciones están limitadas por condiciones inalterables. Los hombres cuando ejercen su voluntad evalúan lo que hacen y han hecho. En todo momento recurren a patrones para tomar decisiones.
El concepto de cultura de la teoría de sistemas considera a la cultura como una principal fuerza que liga los elementos del mundo social. La cultura es mediadora en la interacción entre los actores e integra los sistemas de personalidad y social, orienta a los actores y brinda las pautas institucionalizadas del sistema social. Su carácter simbólico le proporciona la capacidad de controlar los otros sistemas.
En su metodología, la teoría de sistemas distingue los distintos tipos de sistemas: el cultural, el social, el de personalidad, y al organismo conductual. La estructura arborescente permite tener una visión detallada de la forma de comportamiento de los componentes del sistema.
Este paradigma es totalmente vigente en los modelos de diseño instruccional de las pedagogías norteamericanas o en los modelos de administración de calidad total japoneses, como el de las 5 “S”.
La crítica de la teoría de sistemas, desde mi punto de vista, es que se trata de modelos de una rápida asimilación, por su carácter lógico-secuencial, pero de compleja adaptación a los grupos humanos de una misma sociedad, incluso.
Afortunadamente la variedad y riqueza de la naturaleza humana es tan amplia, como para circunscribirla en patrones tan artificiales. Creo que dentro del modelo más perfecto, la libertad del artista, del hombre, no aparecerá ni dentro de una metáfora, ni en una estructura, ni en una enciclopedia, ni en un modelo matemático predecible. Como alguna vez lo dijera el gran novelista ruso Dostoyevski: “La belleza salvará al mundo”.